¿La contradicción de un nombre?: Ciudad de Dios

Cuando alguien escucha el título de esta cinta, seguramente no se le atraviesa por la mente que sea una película con clasificación R en Estados Unidos (restringida para menores de 17 años). Irónicamente, en Ciudad de Dios el único momento en que un personaje memora a Dios es en una escena en que unos malandros rezan un Padrenuestro. Ya en el resto de la película, el crimen es el pan de cada día. Tanto que, desde el inicio-en los orígenes de la favela-, las precarias necesidades de unas señoras las llevan a robar tanques de gas de un camión repartidor recién atracado.

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Pero, ¿de quién es la culpa de esta situación? 

Fernando Meirelles, su director, no pone de manifiesto a un solo culpable, sino que se encarga de salpicar de responsabilidad a la toda la sociedad, en mayor o menor medida: tanto a policías eternamente corruptos, como a residentes que no buscan otra calidad de vida para sus hijos.

Así que se puede creer que salir siendo bueno de una favela de estas es cosa de suerte. Porque sino, Galinha tuviera otro final. Sin embargo, el espectador más detallista se da cuenta que Buscapé demuestra que el nombre de la favela justifica la conclusión de la historia de la que es protagonista: su benevolencia desde niño lo llevó a rechazar el ensuciar sus manos en cada momento que se le presentó.

¿Obra maestra?

Se puede entender con lo dicho, que la película retrata a un joven que creció en una favela y que salió adelante. Aunque no deja de ser una dura crítica a esa terrible realidad, esta historia es más que juzgar al bueno y al malo. A través de una estructura bien hecha de la narración, Buscapé, con voz en off y haciendo uso de flashbacks, va describiéndose a él y a otros personajes determinantes que van entrando y saliendo de la historia -unos incluso en escena durante pocos minutos-, algunos que son demonios en carne viva, como el antagónico, y otros que aunque también un tanto malos, llegan a encariñar al espectador (¿a quién no le gusta el personaje de Bené?).

ciudad-de-diosEs pues, el crisol de personajes que maneja el realizador y que matiza a través del drama y un poco de comicidad,  lo que hacen de esta producción algo magnífico, y gracias también a que se supo contar por medio de una fotografía candente y espectacular, y una música estupenda, con ritmos brasileños y de música propia de los setentas.

Hechos reales y no tan reales

Este metraje es una adaptación de una novela homónima en la que su autor, Paulo Lins, mezcla hechos reales con ficción novelística. En su obra deja claro que parte del material se extrajo de entrevistas de una investigación periodística.

Meirelles, impactado por la novela, quiso hacerla tan real que arriesgó su vida y la de su equipo de producción usando como locación una verdadera favela (pero no Ciudad de Dios) y recurriendo a contratar a jóvenes sin experiencia actoral, y de la favela. El intérprete protagonista Alexandre Rodrigues es uno de ellos.

Película redonda.

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Una escena: la despedida de Bené. Sin entrar en detalles para no dar spoilers.

Para quiénes: este es y será un clásico del siglo. Es imperdible. Criterio formado, eso sí.

Dato a destacar: inmediatamente estrenó, se hizo famosa. Tanto, que Brasil la mandó a varias categorías oscarinas y quedó nominada a 4: dirección, fotografía, montaje y guión adaptado. Lo irónico es que no lo quedó en la de mejor película extranjera…otra contradicción.

5/5

 

 

 

 

 

 

3 joyas desapercibidas en Netflix

Es fin de semana y todo se presta para acomodarte frente al televisor y ver películas en Netflix. La última vez te tocó repetir una después de tanta indecisión para escoger, o te arriesgaste viendo por primera vez otra, pero que al final no le pudo ganar a Morfeo o al cambio de planes. Quizá -para ser menos drástico- te viste una que sí te entretuvo, pero ya, no te maravilló tanto como hubieras querido…

Si esta vez quieres asegurarte de ver algo verdaderamente bueno, a continuación te menciono 3 joyas que valen mucho más que el tiempo que le dedicas, y probablemente han pasado desapercibidas frente a tus ojos:

Chef: para abrir la nevera más de una vez

Carl Casper es un super chef, pero se ve limitado en el restaurante en el que trabaja. La reseña de un crítico desencadena consecuencias que en un principio lo perjudican. Sin embargo, este vuelco a su vida le traerá paz, reivindicación a su talento y reconciliación.

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Desde un foodtruck, junto a su hijo y un buen amigo, Carl logrará varias cosas: te hará reír, te inspirará, te enseñará un par de trucos de marketing, pero sobretodo, te hará agua la boca -te lo advierto para que tu estómago esté preparado-.

Gangs of New York: para no parpadear

Si te preguntaran cómo era Nueva York para 1860 de seguro responderías cualquier cosa menos lo que verás en esta película: sólo te adelanto que desde el principio correrá sangre en tu pantalla.

37Una sanguinaria lucha por territorio donde sin embargo el honor es el segundo nombre de los cabecillas de las bandas. Daniel Day Lewis interpreta a uno de ellos, siendo el personaje más fascinante, a pesar de ser el villano. Leonardo DiCaprio y Cameron Díaz le acompañan en el protagonismo donde Leo personifica a un joven que creció con rencorosos deseos de vengar la muerte de su padre, líder de la otra banda, y su carácter parece que le facilitará las cosas para ello, pero ¿será suficiente?

Este clásico que ha sido poco valorado es recomendable sólo para amantes del género.  Es un capítulo inimaginable de la historia de La Gran Manzana.

Ojo a la escena final, ¿eh? Para mí una de las más memorables del cine moderno.

Ciudad de Dios: para emocionarte en todos los sentidos

Esta es quizá la película más emocionante que he visto. Satisface con casi todos los géneros: acción, comedia, drama, romance e incluso suspenso.

ciudad-de-diosCiudad de Dios es una favela brasileña donde la droga y la violencia son el pan de cada día. No obstante, el ambiente no llega a corromper en ningún momento a Buscapé, personaje principal de este relato que él mismo cuenta. Él y Zé Pequeño representan las dos caras de la moneda de estas situaciones sociales que aún hoy se viven en nuestros países.

Esa brevísima descripción podría hacerte pensar que es la típica historia de problemas sociales de pobreza y violencia. Y pues no, reitero que Ciudad de Dios transmite más que eso: también es música, sol, perseverancia y esperanza. Es una historia basada en hechos reales con un final quizá no feliz del todo, pero tranquilizante. Sus dos horas y 15 minutos se van volando y quedas con ganas de más. Eso sí, no es apta para niños.